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“Que el amor es todo lo que existe, es todo lo que sabemos del amor”*

28 noviembre, 2012

Malditos quienes “en nombre del amor” prometen, proyectan y vuelven a prometer. Malditos (y terriblemente pobres) los hombres y las mujeres que no están a la altura de este sentimiento y son los primeros en deslizar las palabras que luego los condenan. Malditos quienes en nombre del amor (propio) engañan, celan, fomentan las infidelidades y ensucian todo un inconsciente (no tan inconsciente) colectivo.

Malditos quienes golpean, insultan… pero aman, claro. Malditos quienes creen que el engaño o la desconfianza duelen menos que un puño. Malditos también los de corazones débiles que se dejan seducir fácilmente por estos discapacitados sentimentales. Discapacitados, sí. Porque resulta triste, penoso y hasta a veces genera vergüenza el vernos discapacitados en cualquier cosa, pero todos sabemos amar. No existe ni la posibilidad de creernos incapaces de sentir amor. Aviso, que sí hay gente que no sabe (ni pretende saber) amar. Esos sí que son unos verdaderos pobres, unos verdaderos discapacitados. Porque si algo nos debería diferenciar de otras especies, es la capacidad de amar. Esa que todos presumen y pocos tienen.

Desprecio -de la misma forma en que desprecio a una persona que mata o priva de alguno de sus derechos a otra-, a esas personas que se prestan al juego desmoralizante de la infidelidad: a los que son infieles, a los que participan en la infidelidad, o a quienes prefieren no ver para no creer. Me enorgullece decir que hoy no entiendo a quienes confían en que algo puede ser mejor de lo que eligieron, de quien tienen al frente.

No entiendo a quienes no pueden atender a una persona como se merece, y piensan que con dos podrán hacerlo. No entiendo a quienes piensan que una persona que engaña va a cambiar alguna vez para responder a otro amor. Me da mucha pena la gente que hace “ojos que no ven, corazón que no siente”: nos engañemos, mientras no sepa nadie de nuestro entorno, porque no da quedar como un cornudo ¿no?. Listo, no serán cornudos, pero sí seguirán siendo la misma nada que son hasta el momento.

Pero así como me apenan los discapacitados sentimentales, me enorgullecen los que creen, los que buscan, los que insisten aunque les haya dolido, y los que nunca bajan los brazos, por más que les hayan cortado las piernas. Bienvenidos a un mundo mejor, a todos aquellos que se comprometen con el otro, con los sueños del otro, con los sentimientos del otro, y fundamentalmente con el amor. De todos ellos depende el legado que les quede a nuestros sucesores, que seguramente tendrán más motivos para bajar los brazos, pero que podrán tener el testimonio de alguien que logró amar y ser amado.

Bienvenidos quienes creen que al final del camino siempre nos queda lo mejor, lo que la vida nos guardaba por tanto esfuerzo, por jugarnos tantas veces y no perder la ilusión. Bienvenidos a todos los que no se detienen y avanzan, y apuestan y vuelven a apostar: en ellos se verá lo más glorioso del amor, y en ellos estará el milagro de seguir vivos mucho después de las veces que nos mataron.

Texto por Florencia Liviero
*(Referencia del título: cita de Emily Dickinson)

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From → Mi inspiración

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